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domingo, 8 de febrero de 2015

My own hollowfication




Cuanto más busco la perfección, más me alejo de ella. Soy mi propia cobaya de investigación, yo establezco mis límites y mis retos. Ejerzo de opresora y de esclava a la vez, esclava de mis propias exigencias y errores. Yo soy la que flagela y la que recibe los golpes, vivo dos vidas por una.

He perdido mi línea por aspirar siempre a más y lo único que siento es arrepentimiento. Arrepentimiento por no haberme exigido aún más. Más y más, más rápido, más éficaz, más feroz, más violento, más frenético, hasta el borde de la locura, hasta el hastío, hasta deshacerme. Para mí, NUNCA es suficiente. Cuanto más intento alcanzar la perfección y más rápido corro para llegar, más heridas se hacen mis piernas, más trozos de piel voy dejándome por el camino. Cuando llegue a la perfección, seré cenizas, seré trocitos que se han ido dispersando por el camino. Cuando consiga la perfección, seré la persona más imperfecta que nadie haya conocido jamás.


"Cada uno elige el infierno en el que quiere quemarse" y yo he elegido ser inalcanzable, impenetrable, insensible, impasible, imparcial. He elegido correr más rápido que los otros, salvarme de la extinción, salvar mi piel y dejar que otros mueran, desgarren la suya y la vendan al mejor postor.

No sé si estoy llegando a la perfección o a la locura, quizá ambas son la misma cosa. Cada paso que doy es un impulso inhumano que no puedo controlar. En algún momento, de un modo u otro, la locura acabará consumiéndome y quizá es eso todo lo que estaba esperando. No conozco mejor forma de perder la humanidad que olvidando que la tienes. No conozco mejor forma de olvidar la debilidad que olvidándote de lo que te rodea. En mi camino no hay espacio para nadie y no dudaré en ultrajar, traicionar, abandonar y mentir con tal de conseguir llegar a la cima.

¿Qué qué es la cima? Aún no lo sé, pero sé que es un lugar que no tiene cabida para nadie más que para mí. No sé si es la muerte, no sé si es la gloria, solo sé que me precipito hacia ella y nada puede pararme. Para bien o para mal, yo he elegido este camino desde hace tiempo y si bien antes me forzaba a continuar, ahora me van a faltar costados a los que atravesar si paro un solo minuto a descansar. Borraré mis pasos para que nadie logre seguirme, jamás.









Esta es la mejor forma de destruirme que conozco, y me encanta. Sentir cómo pierdo el aliento y me dejo la piel por quimeras y utopías. No pararé hasta verme reducida a cenizas. 

domingo, 1 de febrero de 2015

Explosión.

Si esto fuera un folio de verdad, probablemente ya lo hubiera manchado de sangre. Probablemente estaría arrugándolo, rompiéndolo, escupiéndolo. Puede que empuñara demasiado fuerte la pluma, tanto que rasgaría el papel, tanto que las letras no lograrían distinguirse unas de otras, la tinta correría libre en todas direcciones, sería la rabia la que emplearía su inspiración.

Esto es una pantalla, y solo me queda teclear con violencia mientras escucho Last Resort de Papa Roach.

Esto no planea ser un embellecedor de palabras, no pretende ser un escrito que he meditado durante horas y horas en mi cabeza. Es el aquí y ahora, la escritura automática y sincera que dejará a la luz mis pensamientos segundo por segundo hasta el final de esta entrada. Voy a soltarme, da igual cómo quede. Esta es mi llave a la liberación, a escupir lo que se me atraganta.  Perdonad si os salpica, o... ¿qué digo? No os pido ni perdón.


Mentiras.
M E N T I R A S. Eso que veo a diario pero que esta vez, me ha salpicado de lleno en mitad de la cara. No puedo creerlo, no puedo creer las mentiras que dice la gente solo para quedar bien a ojos de la gente, o mejor dicho, a mis ojos. No me puedo creer que me tomen por estúpida UNA-VEZ-MÁS. Si hay algo que odio con toda mi alma en este mundo, es que me mientan. Yo solo juzgo lo que veo, No me gusta juzgar a la gente así, a la ligera, porque sé que detrás se esconde mucho más. Pero yo ya no puedo creerme nada, ya no. Conozco bien el sabor de la decepción, sé cómo viste, cómo habla, sé en qué se equivoca, sé cómo duele la patada en el estómago que siempre me da. Conozco esa sensación con la palma de mi mano, lo normal es que me decepcionen, lo raro es que NO lo hagan.

Y aquí estoy, otra vez. No sé, ¿qué esperabas, que no te la volvieran a jugar? Venga, ilusa, te toman por tonta CADA VEZ QUE TE VEN. Esta vez no iba a ser la excepción. ¿Te crees diferente? ¿Crees que hay alguien que de verdad apostaría por ti como tú apuestas por los demás? Oh, no, deja de ver películas, deja de vivir en tu burbuja, que esto es el mundo real y aquí no fuiste, eres ni serás especial para nadie. Porque pasas por la gente como si nada, como un pequeño rato, eres esa chica que todo el mundo conoce antes de conocer a LA persona, eres el error de alguien, eres la equivocación, el desvío equivocado, un recuerdo amargo, alguien fácil de olvidar, alguien a quien se puede mentir, a quien se le puede ocultar, alguien a quien nadie debe tener en cuenta, porque no te haces oír, porque por mucho que digas quererte, la gente dice no verlo. Eres ingenua, frágil, ilusa, tonta, inocente, un granito de arena, desapercibida siempre entre la gente. ¿Por qué alguien iba a recordarte? ¿Por qué alguien iba a quererte en su vida?


Tú misma lo has visto, vez tras vez, dando traspiés, dando oportunidades como si tu corazón estuviera siempre en rebajas de ocasión. Siempre acabas rota, siempre acabas ultrajada, nadie ha vuelto aún por ti. ¿Me equivoco? ¿A caso alguien se ha dado cuenta de lo "mucho" que vales o de lo "mucho" que te necesita en su vida como para llegar hasta a ti, romper tus barreras definitivamente y decirte "Voy a estar aquí y no te lo prometo, simplemente vas a ver con tus propios ojos, que no te abandonaré"?  Quién te quiere en su vida, dime, ¿quién? Espera, no te oigo, ¿has dicho algo? ¿Hay alguna persona que haya hecho eso por ti alguna vez?  Ah, que dices que no...  bien, pareces que vas dándote cuenta.


La gente sigue sin mí con sus vidas, y yo sigo en el mismo lugar, con los mismos miedos, con el mismo abandono, pena, soledad, con la misma vida de mierda, con los mismos errores que trato a toda costa de rectificar y no... logro rectificar. Porque me caigo tantas veces y a duras penas me levanto, y vuelvo a abrir mi corazón y me lo vuelven a romper de un puñetazo. Esta soy yo, y no me gusta lo que veo. No me gusta ser tan amable, tan simpática, no me gusta sonreír tanto cuando ni quiero hacerlo. No me gusta no preocupar a nadie, no me gusta tener que depender de nadie, no me gusta ser humana. No me gusta ser tan DÉBIL, porque eso es lo que soy, débil. Si aspiro a conseguir la grandeza, hay cosas que he de dejar atrás a toda costa, y una de ellas es mi corazón, que no hace más que traerme problemas, y traerme arañazos, heridas de bala, de flechas mal tiradas por cupido, de quemaduras de tercer grado.

Soy prescindible a ojos de cualquiera, siempre lo he sido. La gente puede vivir fácilmente sin mí. Diría que yo no puedo hacer eso pero lo cierto es que...  siempre he sido una persona solitaria y aquí estoy, siguiendo mi camino solitaria, como siempre. La gente va y viene, te promete cosas que luego no cumple pero no es algo que me disguste porque realmente, ya sé de antemano que me van a decepcionar. Todo el mundo, en algún punto de su vida, me decepciona. Cualquier persona que conozco, da igual de qué índole, acaba decepcionándome. No es algo nuevo, no es como cuando te rompen el corazón por primera vez y no sabes ni cómo volver a vivir. Pero siempre esperas que no te lo vuelven a romper, pero siempre esperas que no te vuelvan a decepcionar. Pero eso no sucede, mi vida está marcada por la decepción, decepcionada conmigo misma, por ser como soy, y decepcionada con los demás, porque no sé qué tiene mi forma de ser que está hecha para ser profanada, para jugar con ella, para...


Se me agotan las palabras, la rabia va disminuyendo progresivamente, las lágrimas furiosas se callan porque mis demonios están saliendo a la luz. Hoy vuelvo a ser humana, hoy vuelvo a cometer uno de esos errores que NO me perdono en mi vida, ese que quiero erradicar y no me sale, ese que me hace sentirme estúpida: exponerme, exponerme aquí, en un lugar oscuro e inhóspito que leen cuatro personas que no sé ni por qué me leen. ¿Encontráis algo productivo entre estas palabras? De ser así, no sabéis cuán sorprendida me hallo, no destaco ni en esto (ni tampoco quiero hacerlo)

Estoy decepcionada, una vez más. Decepcionada conmigo, con el mundo, con todo. Mi motivación se esfumó no sé qué día y no ha vuelto, y me levanto a hostias si hace falta. Porque quizá sea débil y me caiga, pero lo que no soy es una cobarde. Yo me levanto, y me levantaré. Me caigo y caeré siempre, pero me voy a volver a levantar aunque tenga el cuerpo lleno de clavos. Si algo admiro de mí es mi fortaleza, que si bien a veces me cuesta hacerla salir a la luz, es más grande que la fuerza de mil hombres en batalla. Solo que a veces, exploto, porque no soporto lo que veo, porque no soporto lo que siento, porque mis emociones están a flor de piel, siempre.


Realmente esto no sirve de nada. Desahogarse escribiendo. ¿Qué cambiará esto? ¿Cambiará mi vida, cambiará lo que me duele? No, rotundamente no. Pero prefiero plasmar mi rabia así que ejerciéndola en vano.  No me he liberado, mis demonios están ahí, y si estas palabras tuvieran la habilidad de gritar, de gritar hasta quedarse afónicas, hasta que les sangre la laringe, lo harían y podríais escucharlas. Porque por dentro, yo sí grito.




No tengo nada más que añadir, mi escritura automática ha dado mucho de sí y creo que es momento de parar.
























 Se me agota el alma.





lunes, 26 de enero de 2015

Latidos y engranajes.






-Bueno, creo que con unos cuantos puntos de sutura bastará, por ahora.

Oigo una voz dulce y amable y veo sombras que me rodean. Noto unas suaves manos acariciando mi pecho.

- Parece que ha despertado. Emily, ¿cómo te encuentras? - abro los ojos y lo primero que veo son los labios de una enfermera susurrando mi nombre. Estoy algo desorientada.

- ¿Qué... qué hago aquí? ¿qué ha pasa...-¡ouch!- intento reincorporarme pero me duele el pecho, muchísimo, tanto que no puedo ni respirar, me quejo sonoramente a causa de ello.

-Calma, debes descansar, aún tienes heridas de la operación. ¿No... no recuerdas nada?
- No, no entiendo qué está pasando. ¿Qué operación? ¿Qué son estas grapas en mi pecho? ¿Por qué no oigo mi coraz... ¡ouch, ouch! - duele, verdaderamente duele, tanto que quiero llorar pero no tengo lágrimas. ¿Por qué?

-Emily, sufriste un paro cardíaco. Te avisamos...  - la enfermera miró a su compañera- ... te avisamos de que tuvieras cuidado. Tu corazón te ha dado problemas últimamente, ¿verdad?

Intento recordar. Recuerdo una sensación, un leve sobresalto, un recuerdo difuso. Siento calambres. Algo en mi interior emite un pitido intermitente que incluso las enfermeras pueden escuchar.

-Tranquila, respira, te estás sobresaltando, tu nivel de saturación en sangre está subiendo considerablemente.

Intento tranquilizarme, respirar, cerrar los ojos y recordar. De repente, todo viene a mi mente, como un dejà vu. Miro a la enfermera con una mezcla de tristeza y decepción. Lo recuerdo.

- Ha vuelto a pasar, ¿verdad? - pregunto aun sabiendo la respuesta.
-Sí, Emily. Lo siento. No pudimos hacer nada por salvarlo, estaba muy dañado. Estaba obstruído, comprimido, lo tenías adormecido la última vez que viniste a que te "pusiéramos a punto", pero hace una semana entraste en urgencias porque las taquicardias se habían disparado, estabas agonizando. Sé que no es la primera vez que pasa, pero hacía mucho que no veía lo que vi ese día; que tu corazón bombeaba demasiado deprisa. Has pasado del estado de coma a latir frenéticamente... ¿por qué?

Miro a la enfermera con cara de incredulidad.

-No me digas que...  - abre mucho los ojos
-Sí.
-¿Pero cómo, cómo tan repentinamente?

-No lo sé, pero desde el principio sabía que ello me traería problemas. Hacía mucho que mi corazón no latía así, sabía que era peligroso y aun así... no lo detuve, dejé que me destruyera así.

-Emily, sabes que tu corazón no resiste las emociones fuertes, no la que has vivido. Has sido una imprudente. Te lo advertimos... ¡Te lo advertimos! Enamorarte es mortal para ti. ¿Por qué pusiste en riesgo tu vida de esa manera? Otras veces has esquivado este sobresalto sin problemas, ¿por qué esta vez no?

Vacilé, realmente me costaba pensar con claridad.
-Supongo que encontré un corazón tan dañado como el mío. Pude notar las pulsaciones y latidos sincronizados. Sé que fue una señal, hacía mucho que no permitía a mi corazón latir tan bruscamente. Pero lo vi, pude verlo...  pude ver cómo cobraba vida, casi... casi me desplomo en el suelo de la emoción. ¡Estaba viva, mi corazón empezaba a latir de nuevo, sin ayuda de mecanismos! ¡Se había recuperado! Había olvidado esa sensación. Aquel corazón me recordaba tanto al mío... quise repararlo pero acabé hecha pedazos yo. Los engranajes me perforaron... es lo último que recuerdo.

Suspiro hondamente.
-Bueno, supongo que me lo habéis...
- Sí
- ¿Lo guardarás junto con los otros recambios? No quiero que lo tires, alguna vez me gustaría ver sus heridas, realmente lo echaré de menos, aunque ya no haga sonar sus latidos.
-Claro, pequeña. Estará junto a los demás, bajo llave - la enfermera me acaricia la cara - Emily... - hace una pequeña pausa- quiero hablar seriamente contigo. No es la primera vez que tenemos que extirpártelo, y temo por tu vida. Todos tememos por ella. El mecanismo que te hemos instalado no es nuevo, ya sabes cómo funciona; lleva a cabo las funciones mínimas y necesarias que haría un corazón normal, salvo que este no te permitirá sentir. Te someteríamos a otra operación para instalarte un corazón nuevo pero...  dado a cómo ha acabado este, no creo que fuera buena idea. Podríamos perderte en el intento. Te queremos con vida, Emily, y eres demasiado imprudente. No nos gusta que te involucres tanto, no nos gusta que hagas latir con tanta fuerza tu corazón si no posees la total certeza de que tu latido será correspondido o cuidado. ¿Entiendes lo que digo? Has sobrevivido de milagro, pero la próxima vez... no te garantizo que podamos salvarte.

Mi mirada vaga perdida por la habitación.
-Lo entiendo - consigo decir en un tono monótono - supongo que... este mecanismo anulará los daños que aún me quedan, ¿verdad?
-Por supuesto. En unos días notarás una leve mejoría. Este mecanismo anula cada emoción y recuerdo. Puede que al principio te sientas algo desorientada, puede que no recuerdes nada y te duela el pecho sin saber por qué, pero ese dolor desaparecerá. Sin recuerdos no hay dolor, recuérdalo. Deja que la prótesis actúe por ti. Destruirá lo que te estaba destruyendo. ¿Entiendes?

-A la perfección. Espero que sea pronto -toso levemente - no soporto estas grapas, nunca me han gustado - empezaba a notar una frialdad inexplicable en mi voz.

- Bien, bien, poco a poco surge efecto. No tengas miedo, ¿vale? - me da un beso en la frente antes de irse- todo va a ir bien. Dentro de poco no recordarás nada, te lo prometo.

-Ah, Emily... y si te vuelve a pasar, avísanos antes de tomar una decisión premeditada, ¿de acuerdo? No queremos que vuelvas a desperdiciar un corazón así. El antiguo te costó mucho reconstruirlo. No te precipites otra vez.

-Descuida, no lo haré.


Me quedo sola en la habitación. Noto un extraño frío en mis pulmones. No sé cuánto me quedaré en cuidados intensivos pero espero que no mucho. Mi mente es incapaz de pensar en nada, menos aún mi "corazón" es capaz de procesar emoción alguna. Me pesa el cuerpo quince mil toneladas. Me recuesto un rato en la cama y meto mis manos en los bolsillos, de repente doy con un objeto pequeño y metálico; una llave.

¿Y esto qué es?

Mi mecanismo emite un pitido.

Cierro los ojos. Noto el frío de nuevo, el pitido se para. Dejo la llave encima de la mesa. Me quedo dormida. Empiezo a sentir un letargo eterno, no sé si despertaré, este pitido a veces sigue sonando. Cuando despierte seguirá ahí pero no sé si recordaré qué abría esa llave.

-No impor...ta... ahora no... im... - me sumo en un profundo e indefinido sueño.





 https://www.youtube.com/watch?v=LFfobWNJIXU 





jueves, 8 de enero de 2015

Solo me quedan las palabras y este recóndito lugar.

Bien, no sé muy bien cómo decir o escribir esto. Hoy no quiero adornar mis inquietudes con figuras retóricas, personificaciones y metáforas. Hoy quiero hablar de forma directa y concisa, al menos siento que debo hacerlo pero no sé si me va a salir.


Me siento esa quinceañera que escribe en su diario debajo de las sábanas, para que nadie más pueda leer lo que le atormenta, lo que se le pasa por la cabeza, lo que quiere que nadie, nunca encuentre. Y quiero que esto no lo lea nadie, pero en realidad es un blog, me siguen varias personas y además es público; cualquiera podría leerlo. Pero quizá no es tan grave si lo lee cualquiera que no sea el destinatario, porque esto planea (o planeaba ser, ya no lo sé) un atentado, una bomba al corazón ajeno, una declaración de amor implícita en cada palabra, un tiroteo sin piedad al corazón de ese destinatario. Técnicamente, le estoy sentenciando a muerte con estas palabras, o mejor dicho, me estoy sentenciando yo, exponiéndome, descubriendo mi caparazón. Qué cobarde puede parecer esto, a mi edad y no tener las agallas suficientes a coger el teléfono y disparar con mi voz palabra por palabra, intención tras intención.  Pero no es tan sencillo. Así que, intentaré cuidar cada detalle en esto que voy a decir, con la esperanza - o desesperanza- de que lo encuentres y, no sé, no sirva para nada pero al menos así... sepas qué callan mis canciones dedicadas, mis silencios, mi distancia, mi dolor subtitulado.

Qué. Qué es esto. Qué ha pasado. ¿Puedes tú explicármelo? Porque no lo entiendo, no entiendo nada, he olvidado todo lo que creía saber sobre mi corazón, ese que he mantenido maniatado para que no pudiera latir más de lo estrictamente necesario. Qué has hecho, qué ha pasado. Dímelo, por favor. Hacía tanto que no escribía estas palabras, hacía tanto que no sentía la necesidad de escribir por alguien, hacía tanto que no temblaba de esta manera, hacía tanto que no tenía ganas de partir un trozo de mí y dárselo a otra persona, hacía tanto que no soñaba, que no anhelaba, que no me ponía nerviosa y decía cosas sin sentido, que perdía el sentido de la orientación y echaba andar y a andar sin rumbo porque poco me importaba dónde me llevaba el camino si era en buena compañía. ¿Qué has hecho conmigo? ¿Es que no puedes oír mis ruegos, mis gritos, mis taquicardias? Estoy asustada, he visto la luz y no creí que fuera a cegarme así. Creí que sería la luz de una estrella fugaz que solo aparece unos tres segundos y luego se va, se desvanece y tan solo te queda un buen recuerdo. A lo mejor tú eres esa estrella fugaz. No niego que portes la misma intensidad en tu luz, en tu mirada. Pero lo que no me atrevo a aceptar es que eres fugaz o lo has sido. No sé en qué punto me encuentro. Quizá me arrepienta y borre esto, es exponerse, es vender la piel de cordero esperando que no lo degollen. Es exponerse de nuevo, eso que tanto trabajo me ha costado hacer y que contigo ha sido algo innato. Has destruido todas mis piezas, toda la armadura que había montado para que nadie osara desafiarme ni romper mis barreras, mis muros de contención. Has hecho que vuelva a creer en lo increíble, he vuelto a derramar lágrimas de gozo. Todo eso que creía haber olvidado con los años y se me presenta todo en forma de ojos verdosos y sonrisa sanadora y regenedora de luz.   Esto no puede ser un error, me niego a creerlo. No puede ser un error si cada duda de mi cabeza desapareció en cuanto tu imagen se quedó retenida en mi pupila. Como un asteroide impactando contra el planeta, como esa luz cegadora que cambia el color de las cosas. Como ese nerviosismo en el estómago que me impide comer, beber, dormir.



En mi cabeza, todo ha sido perfecto y aún lo sigue siendo. Quisiera arriesgarme a averiguar si el trazo y estela de esta historia se prolongaría hasta el infinito o si al menos, caminar por esta cuerda de funambulista sería una experiencia inolvidable. Me moriría de ganas (y de hecho, ya me estoy muriendo) por saberlo.  Pero te pierdo, te perderé, tampoco sé en qué punto me encuentro. Ahora no hay espacio, ni tiempo. No hay estrellas fugaces, no hay asteroides, ya no está ese big bang que originó un nuevo comienzo. Te pierdo, te pierdo por momentos, puedo sentirlo. Cuarenta y ocho horas fueron suficientes para retener en mi memoria lo más importante de ti. Pero los brazos se me cansan de sostener recuerdos que no se sostienen, que ya no se vuelven a vivir, que empiezan a desvanecerse. Se me cansan los brazos de intentar esperarte, y los ojos de soñarte tanto y tanto. Se me apaga la llama, la luz interior, la cegadora claridad en una noche tan oscura. Se me apaga porque las cosas más valiosas y preciosas no duran para siempre y tú  no eres eterno. Y te me has acabado, chico de ojos camaleónicos. Te me has acabado porque las cosas preciosas, bonitas y valiosas, no pueden poseerse. Y no eres mío, aunque por un momento creí que lo serías - y aún lo sigo creyendo como una ciega, como una tonta-

No te he tenido y ya te he perdido, cuán injusta es esta vida que me da a probar el más dulce sabor de la miel y me lo arrebata justo cuando voy a cerrar los labios para degustarlo. No eres mío y ojalá algún día lo seas porque yo no voy a poder olvidarte. No puedo. Se me quiebran los pedazos por dentro, me has dejado aquí desnuda sin mi armadura y fría. Me he quedado sin tu calor, sin tu dulce voz - mi nana en las noches más oscuras-

No te he tenido y sin embargo, te voy a colocar en el cajón de los recuerdos más bonitos que he tenido jamás, solo para aquellos valientes que consiguieron desarmar mi armadura, para esos valientes caballeros que indagaron e indagaron para poder dar con la recóndita, escondidita y pequeña yo interior, la más verdadera de todas.

Y... ¿sabes qué? Si quisieras, podrías batirte de nuevo en duelo conmigo y esta vez, te desarmaría yo a ti. Sabes que nunca me rindo aunque acabes venciendo tú siempre.

Pero esta no es mi guerra y debo irme en mi corcel. Mi caballo dejará sus pasos en la nieve, seguramente en primavera acaben por desaparecer para siempre, pero aún queda para primavera. Espero que entiendas lo que quiero decir.




Fdo:
Una jodida idiota,


Posdatahttps://www.youtube.com/watch?v=Lgl442HpK-Q

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Desvío en la próxima salida.






Hay bajadas sin frenos en las que es mejor no volver a caminar.
Hay ecos en la mente que es mejor no volver a golpear, resonando hasta convertirse en certeza.
Hay deseos tabú que es mejor no morderse, que es mejor apagar con un soplo y que vuelva el frío.
Hay latidos que te prometes no volver a hacer sonar; haces que pierdan el ritmo para no crear una armonía que pueda unir universos. 
Hay un sí y un no discutiendo por decidir quién se queda mi custodia. Y yo me quiero ir sin ninguno de los dos. 
Hay un conformismo que bebe para olvidar, y un anhelo que aprieta los puños y echa a correr con impulso porque quiere rozar el cielo.


Y luego estoy yo, que soy las bajadas sin freno, el sí y el no, el conformismo, los latidos, el anhelo.




Ahora echaré a correr en dirección contraria. Quiero huir, debo huir, voy a huir. Que nadie me atrape nunca. Voy a escapar de todo lo que me asusta. 

domingo, 23 de noviembre de 2014

A mountain of ice-

Me hice una promesa contra natura y casi me falto el respeto, casi vuelvo a abandonarme. No, no y no. Mis instintos humanos deben quedarse aletargados por tiempo indefinido, ¿por qué trato de despertarlos? No quiero despertar, estoy bien dormida, ¿verdad? ¿No es eso lo que le digo a todo el mundo? Estoy bien como estoy.

 No entiendo esa necesidad por buscar calor para no morirme de frío, si no lo necesito. Creo que no hay mayor castigo que privarse de la propia humanidad. Es mi castigo, mi castigo por haber salido ahí fuera, a la lluvia sin paraguas, por abrazar serpientes que sabía que me iban a besar letalmente. Estoy castigada de cara a la pared y ninguna plegaria ni súplica hará que sea perdonada. Porque no quiero, porque no debo, porque es mediocre ser humano, porque conlleva cosas que no estoy dispuesta a llevar a cabo. Porque volver a exponerme significaría ponerme en peligro de extinción, de nuevo. Y no quiero que nadie vuelva a arrancarme la piel. No quiero que se vendan trozos de mí a cualquier precio. No quiero ser un premio, un trofeo ni un regalo. No quiero que me cacen y pongan precio a mi cabeza.

Soy como esa presa que quiere salir de su madrigera pero sabe que fuera le espera una trampa mortal. Pero aun así, su ambición le obliga a salir. Estoy tratando de transformarme, alejarme de ambiciones insanas y buscarme otras menos nocivas. Pero no puedo. ¿Acaso vivir no es nocivo, a caso no nos mata cada día lentamente? Quizá yo no quiero morir más de la cuenta. Quizá si permanezco aquí escondida, nadie podrá enjaularme y desgarrar mi pelaje. Quizá es mejor que mi nombre no resuene en la boca de nadie, nunca.


sábado, 15 de noviembre de 2014

No hay vida más allá de mis dos teorías del caos.

He vivido siempre entre dos extremos y límites, entre dos teorías del caos diferentes. La teoría de la perfección y la teoría de la autodestrucción, del olvido de identidad. Siempre voy saltando de una a otra pues no sé vivir en una tonalidad gris, quizá. Por mucho que me intente convencer de que la vida no es un blanco y un negro permanentes, que hay una amplia tonalidades de gris en las que podría sobrevivir, no me lo creo.


No me permito sentir, no me permito vivir más allá de lo necesario, no me permito hablar, no me permito parar a respirar, no me permito caer, no me permito añorar, no me permito necesitar,  no me permito equivocarme, no me permito exponerme, no me permito darme a conocer, no me permito soñar. No.

Vivo tras los muros de contención, atada de pies y manos y con vistas solo lineales, sin posibilidad de mirar hacia los laterales. No puedo salirme del camino, de mis límites. No puedo romper barreras ni tampoco saltarlas. Así es como debe ser. Me he impuesto mi propia teoría del Caos, la teoría de la perfección, una perfección dura, un castigo silencioso, un látigo que me perfora los costados. Yo soy mi propia capataz y me grito, me castigo, me exijo, me humillo. Debo conseguirlo todo y no fallar. Me he impuesto esta vida pues ya he estado más allá de los límites y casi no vuelvo para contármelo. He explorado nuevos caminos, me he permitido sentir, me he permitido llorar, equivocarme, arrepentirme, necesitar, añorar, caer y levantarme, exponerme y darme a conocer, soñar. Esa era mi teoría del caos de la identidad. Olvidarme a mí misma para dejar un pedazo de mí en cada cosa que hacía, cada cosa que sentía. Obligarme a sentirlo todo, a vivirlo todo en una sola dosis, a saturarme de momentos para que no me dejara por vivir ninguno.  Pero olvidé que mis pedazos se iban quedando detrás de mí, y el camino se volvía costoso. Me quedé en todas las cosas, vivencias y personas a las que me regalé, Cómo iba a continuar si ya no tenía un cuerpo ni una forma definida, si me había vendido por partes, si no quedaba nada para mí.

Tengo dos teorías del caos y ambas son destructivas. Vivirlo todo o no vivir nada en absoluto. Sentirlo todo u olvidar que dentro de mí hay un motor latente que pide una tregua por tantos latigazos. Quiere pararse a descansar pero no, no le voy a dejar. No ha sabido portarse bien, no le dejaré hablar. Su función a partir de ahora ha de ser la estrictamente necesaria. Solo tiene que latir. No le voy a atribuir otras necesidades. Estamos en mi dictadura, y aquí nadie tiene el derecho a satisfacer sus indomables deseos.


La imperfección es libertad, es un preso que ha escapado de la cárcel, es deseo y ambición. La perfección, una utopía y un Régimen, lo que todo ser humano ansía conseguir. Queremos la libertad de la imperfección para poder ser perfectos.  


Yo rechazo la libertad, entre estos muros estoy construyendo la perfección que tanto ansiaba. Aunque ello me suponga perder mi humanidad